Cuándo se rompía una pieza de cerámica en China y en Japón, no se tiraba, sino que se reparaba con laca de oro y el resultado no era una pieza parcheada, sino algo único, las grietas doradas la hacían irrepetible, más bella que antes de romperse, a esa práctica la llamaron kintsugi (金継ぎ) ("reparación dorada")
Es una metáfora muy sabia de los que significa ser humano, porque todos y todas nos hemos roto en algún momento, todos llevamos fracturas visibles otras que guardamos en silencio desde hace tiempo. La tentación cuándo eso ocurre es esconderlas, actuar como si no existieran, o peor aún, definirnos por ellas. Pero una grieta no es el final de la historia, es el lugar exacto por dónde puede entrar el oro.
Nunca te creas como una pieza rota, tus fracturas están ahí, las tenemos todos, lo que importa es con qué decides rellenarlas, con culpa o vergüenza o con amor y aceptación, y la celebración silenciosa de que eres alguien único e irrepetible.
¿Qué parte de ti llevas tiempo necesitando aceptar? Piensa en algo difícil que hayas vivido y que con el tiempo te haya dado fuerza, confianza. Ese es tu oro.